Rescato un artículo de hace unos años, pero que conserva la frescura inicial y además se había traspapelado entre los archivos de windows, y porqué, además, me apetece poco opinar algo sobre las noticias "de actualidad".
Un
mercader de alfombras vió que su alfombra más bella tenía un bulto en el
centro. Se plantó sobre el bulto para achatarlo, y lo consiguió. Pero el bulto
reapareció en otra parte. Saltó de nuevo sobre él, y desapareció
momentáneamente para reaparecer en otra parte. El mercader saltó una y otra
vez, restregando y estropeando la alfombra en su frustración; hasta que al
final alzó una esquina de la alfombra y vió salir una malhumorada serpiente.
En
Rebelión en la Granja, de G. Orwell, el caballo Boxer siempre tenía la misma
respuesta a cualquier dificultad: "Trabajaré con mayor empeño". Al
principio, su bien intencionada diligencia inspiraba a todos, pero gradualmente
su empeño comenzó a tener efectos sutiles y contraproducentes. Cuanto más
trabajaba, más trabajo había. Boxer ignoraba que los cerdos que manejaban la
granja los estaban manipulando para su propio provecho. La diligencia de Boxer
ayudaba a impedir que los demás animales vieran lo que hacían los cerdos.
En
una versión moderna de una antigua historia sufí, un viandante encuentra a un
borracho gateando bajo un farol callejero. Le ofrece ayuda y averigua que el
borracho está buscando las llaves de la casa. Al cabo de unos minutos pregunta:
"Dónde se le cayeron" El
borracho responde que se le cayeron frente a la puerta: "¿Entonces por qué
las busca aquí?", pregunta el viandante. "Porque junto a mi puerta no
hay luz", responde el borracho.
Otra
historia sufí se refiere a tres ciegos que se encuentran con un elefante.
"Es una cosa grande y áspera , ancha y extensa como una alfombra",
dijo el primero, cogiendo una oreja. El
segundo, cogiendo la trompa, exclamó: "Yo tengo la verdad. Es un tubo
recto y hueco". Y el tercero,
cogiendo una pata delantera, señaló: "Es poderoso y firme como una
columna". La historia sufí termina
con esta conclusión: "Dado el modo de conocer de estos hombre, jamás
conocerán un elefante.
Según
otra historia sufí, un ciego vagaba extraviado por el bosque, tropezó y se
cayó. Al tantear el suelo del bosque, el ciego descubrió que había caído sobre
un tullido. El ciego y el tullido entablaron una conversación, conmiserándose
de su destino. El ciego dijo: "Hace una eternidad que vago por el bosque,
y no encuentro la salida". El tullido dijo: "Hace una eternidad que estoy
tirado en el suelo del bosque, y no puedo levantarme para salir". Mientras
conversaban, el tullido exclamó de pronto: "Ya lo tengo. Tu me sostienes
en los hombros y yo te digo hacia donde ir. Juntos hallaremos el modo de salir
del bosque". Según el antiguo narrador, el ciego simbolizaba la
racionalidad, y el tullido la intuición. No podremos salir del bosque a menos
que aprendamos a integrar ambas cosas.
Las
historias anteriores ilustran la forma en que las personas y las instituciones
se enfrentan habitualmente a los problemas complejos y las consecuencias no
deseadas que dicho comportamiento provocan: la mayor parte de las veces, los
problemas se agravan y se consolidan, generando impotencia y frustración.
Una
de las formas más frecuentes de abordar los problemas complejos, ilustrada por
el mercader de alfombras, es
“desplazarlos”, en el tiempo o en el espacio, a otras partes del sistema, de
manera que, con frecuencia, los problemas de hoy derivan de “soluciones” del
pasado, adoptadas a menudo por otras personas.
La
historia extraída de Rebelión en la
Granja pone de manifiesto otra de las reacciones frecuentes: la de redoblar
los esfuerzos iniciales, presionando en la misma dirección (ya sea activa o
pasivamente), lo cual es valorado positivamente. El hecho es que, en ocasiones,
este mismo comportamiento está contribuyendo a crear mayores obstáculos.
El
cuento del borracho que busca las llaves hace referencia al hecho de que, por
lo general, recurrimos a soluciones conocidas y obvias, sin reparar que, si
fuera así, ya se habría solucionado el problema inicial.
La
historia de los elefantes ilustra el fenómeno frecuente de tratar de comprender
una realidad compleja, dividiéndola en partes, de forma que no se alcanza a
comprender el sistema en conjunto. En las organizaciones, toma la forma de
preocuparse exclusivamente del puesto de trabajo, sin entender que una visión
global redundaría en la mejora de nuestro propio trabajo.
Es
muy posible que, si has llegado hasta aquí, se te hayan ocurrido ejemplos de nuestra
propia organización: algunas decisiones adoptadas hace años en relación con la
definición de tareas en los equipos de atención primaria constituyen la causa
de algunos de los problemas organizativos actuales; algunas de las herramientas
de gestión incorporadas en los últimos años, que inicialmente no han alcanzado
los resultados esperados, parecen seguir el camino del caballo Boxer; las
medidas adoptadas frente a problemas complejos, como la coordinación
primaria-especializada, insisten en medidas conocidas, como el borracho que
busca las llaves; la forma en que está diseñada la organización, está
impidiendo que la gente se percate de la interacciones importantes, más allá de
su puesto de trabajo.
La
última de las historias hace referencia a una de las disciplinas descritas por
Peter Senge en su libro "La Quinta Disciplina" (Granica, Barcelona,
1995): el dominio personal, caracterizado por integrar la razón y la intuición,
en contra de la opinión frecuente, según la cual ambos aspectos se oponen.
La
existencia de organizaciones que desaparecen o que sobreviven en la
mediocridad, viene determinada, no tanto por la incertidumbre y los rápidos
cambios tecnológicos y de todo tipo propios de la sociedad moderna, sino por la
incapacidad de la organización para aprender. El tipo de problemas y la forma
de abordarlos refleja una forma de pensar que conduce por sí misma al
enquistamiento. De ahí la necesidad de comprender la realidad desde nuevas
perspectivas: las disciplinas necesarias para ello constituyen en conjunto el
"pensamiento sistémico".
Es
un libro recomendable, sobre todo para ser conscientes de que quizá los
problemas puedan resolverse si se ven de otro modo.
Va por tí, Blanca.