martes, 24 de mayo de 2011

¿Se lo envuelvo o se lo lleva puesto?

 
La salud como un producto de consumo es una realidad. Se dice que es una característica más de la era postmoderna. Curiosamente, los médicos y los pacientes parecen hechar de menos el humanismo del pasado: el paciente achaca al médico el ensimismamiento tecnológico y el distanciamiento de la experiencia subjetiva del enfermo; por su parte, el médico hecha en falta el respeto y la actitud consumista del paciente-cliente.
 
La postmodernidad parece haber nacido como producto de la decepción de la modernidad. El hombre moderno, de principios de siglo, era eminentemente racional, creía en la posibilidad de cambiar el mundo y de que la tecnología llegaría a conocer y resolver loas grandes problemas: en el fondo era un idealista, creía en la ciencia y en el bienestar de la humanidad.  Su mentalidad era positiva, capaz de afrontar los grandes proyectos, los grandes dilemas de la humanidad.

Confiaba en la ciencia y aún más en la tecnología: los cambios tecnológicos parecían darle la razón, el poder de la tecnología creció hasta dominar a la propia ciencia y ahí empezaron a agudizarse los grandes problemas (el éxito de la tecnología fué la génesis de su propio fracaso). Se puso de manifiesto que los grandes problemas persistían a pesar del progreso y que el dominio de la técnología conducía a excesos, poniendo incluso en peligro la sostenibilidad del propio modelo de crecimiento..  

Poco a poco, el futuro iba perdiendo el sentido; sólo quedaba el presente: la utopía también se desmoronó y provocó una enorme decepción. Los valores idealistas se sustituyeron por lo mundano, lo vanal. Los valores y las normas fueron puestos en tela de juicio: el modelo que dió un sentido a la vida se aleja sin que ningún otro modelo le sustituya.  Ahora no se trata de  afrontar los grandes problemas, sino de comprenderlos y tolerarlos; se trata de crear un clima individualista, pero al propio tiempo hipercomunicado.

La postmodernidad es una paradoja: sin ofrecer nuevos instrumentos rechaza los tradicionales; en el que el hiperconsumo es un modo de vida que se traslada también a la relación médico-paciente y al mismo tiempo añora la relación humana. 

El consumo se propaga y se extiende: fármacos, pruebas diagnósticas, derivaciones al especialista, cribados y chequeos,.....y se aplican a enfermedades y no enfermedades, a conflictos personales y familiares, a problemas relacionales que no requieren la intervención médica.

El exceso conduce a la iatrogenia y consolida una cultura individualista y medicalizada. Las pruebas diagnósticas aparecen ya en algunos supermercados de Estados Unidos.

El sociólogo Freidson afirma que la lógica del mercado, que responde a la productividad y a la rentabilidad, y la burocrática que privilegia la eficiencia, conducirán al desmantelamiento de una profesión que sólo puede y debe ser entendida como un verdadero proyecto moral destinado a la producción de un bien indispensable e insustituible para la sociedad. Un proyecto moral que incluye una medicina centrada en el paciente.
Es posible que las personas se acostumbren a utilizar métodos individuales y específicamente de consumo para tratar situaciones conflictivas, o bien que acaben por aprender a encontrar relaciones con las que puedan compartir, tratar, pensar y/o afrontar problemas profundos y complejos. La sociedad postmoderna nos ofrece un amplio abanico de modelos de vida. Los sistemas de salud deben aprender a afrontar esa realidad compleja, pero no sería adecuado adoptar las reformas inspiradas exclusivamente en un modelo consumista de la salud.

lunes, 9 de mayo de 2011

La crisis del modelo biomédico (II): "Regreso al Futuro"


El modelo biomédico ha sido cuestionado en sus conceptos y soportes básicos: el reduccionismo, el mecanicismo, el método científico-racional y objetivo, el materialismo, el racionalismo y, en suma, en todos aquellos postulados que han caracterizado a la Medicina Científica moderna. Este cuestionamiento proviene de los nuevos paradigmas científicos pero también de sus limitaciones para enfrentar las nuevas demandas sociales. El modelo dominante está programado para observar los síntomas, catalogar y tratar la enfermedad, desde una perspectiva exclusivamente biologicista.


La crisis se agudiza en el momento en que se hacen patentes una serie de cambios sociales y culturales, que generan una nueva realidad social y nuevos estilos de vida: la autoafirmación del individuo, el consumismo, la ruptura del núcleo familiar y los roles de género, la incertidumbre y la fragmentación social, el pluralismo y hasta el cambio en el concepto de tiempo y espacio. La sociedad postmodernista genera tambien problemas emergentes que afectan al núcleo duro del modelo biomédico, a pesar de sus indudables éxitos, al amparo del crecimiento tecnológico.

La inmigración, la violencia de género, la dependencia, el dolor crónico y un largo etcétera suponen retos que no obedecen las reglas del modelo biomédico hegemónico. Los intentos de evolucionar "desde dentro" hacia modelos biopsicosociales no han tenido el impacto esperado: aunque aceptado en el discurso teórico, su aplicación real ha sido escasa, tanto en la investigación como en la práctica, en parte porque no se han conseguido enfoques que hagan posible comprender las interacciones entre las diferentes variables en juego y en parte, y esta es la gran paradoja, porque no es posible un modelo radicalmente opuesto al modelo biomédico biologicista.


Así, el enfoque postmoderno de la salud se complementa con el modelo biomédico: puede que aún no pueda hablarse de un nuevo paradigma, sino más bien de una serie de modelos que conviven en una fase de transición. Puede que estemos a la búsqueda de un nuevo paradigma, del que sin embargo se pueden destacar algunos atributos:

- El protagonismo de los equipos multidisciplinarios en el cuidado de la salud y el cambio del papel del médico y del paciente.
- El conocimiento sobre la salud y la enfermedad no es monopolio del médico
- Las medicinas alternativas forman parte de la cultura de la salud y la enfermedad.
- El diálogo con otras disciplinas es fundamental para comprender y tratar los nuevos problemas.

En un nuevo post volveré sobre este "nuevo" paradigma, pero mientras tanto y más allá de los posibles avances de la biología sistémica (en la que se aplican modelos matemáticos de la ciencia de la complejidad) los modelos postmodernos aplicados a la salud-enfermedad promueven ante todo perspectivas alternativas de entender la realidad pero no ofrecen soluciones globales y definitivas. Reclaman una visión más integradora de la persona, una visión holística y una recuperación de los valores humanísticos de la Medicina. Y esto no es una vuelta al pasado, sino en realidad un Regreso al Futuro, como la excelente película de Robert Zemeckis.