martes, 14 de febrero de 2012

La gobernanza en salud y el rábano y las hojas


Hay palabras que parecen marcar una época y otras que, sin dejan de estar en primer plano parecen sufrir un cierto desgaste, posiblemente por su utilización desmedida. Entre las segundas podría estar la calidad y entre las primeras la gobernanza. Se trata de un término polivalente que va más allá del término gobernabilidad o buen gobierno y que admite diferentes dimensiones y actores y sobre todo hace referencia a sus relaciones y a su impacto en la cultura y en la sociedad en general. 


Lo que es relevante del término aplicado al sector salud no son sólo sus dimensiones (transparencia, responsabilidad, participación, eficacia, etc) o sus niveles de aplicación (nivel político, organizativo o clínico) sino las interacciones de los diferentes actores y el cambio que las nuevas tecnologías y la sociedad del conocimiento está produciendo  en su evolución. 


La ruptura de la línea jerárquica, la emergencia de colectivos que reclaman participación y propician espacios alternativos en las redes sociales, la interconexión, la posibilidad de construir una inteligencia colectiva que supera a las organizaciones e instituciones tradicionales caracterizan las nuevas sociedades complejas. En ellas conviven las organizaciones tradicionales (de profesionales, de usuarios, de gestores) que tienden a enrocarse en sus propios intereses, servicios de salud en los que los objetivos no están definidos y, sobre todo, organizaciones y actores que no se relacionan entre sí, alimentando la impermeabilidad y la desconfianza.


La transparencia, responsabilidad y participación debería afectar a todos los actores (políticos, gestores, profesionales y ciudadanos) y más allá, gracias a las nuevas tecnologías, sería factible construir nuevos espacios de participación, nuevos sistemas flexibles y adaptativos (algo que es imprescindible para preservar la sostenibilidad del sistema de salud que, dicho sea de paso, no va a ser posible si se pretende que todo siga igual)


No debería sonar tan utópico sino tomamos el rábano (la posibilidad de que los ciudadanos puedan participar en el proceso de decisiones políticas) por las hojas (conformándonos con adoptar decisiones, políticas, de gestión o clínicas en beneficio de las personas). El intercambio y la negociación entre los actores sería, en este sentido, la estrategia clave para avanzar en el buen gobierno sanitario.