lunes, 23 de julio de 2012

Ciencia, Arte y Política


¿Còmo será el sistema sanitario dentro de 15  años?.  ¿Còmo será la sociedad?. Si, para entonces, hemos conseguido salir de la actual situación critica de recortes, ajustes y primas de riesgo desbocadas, ¿seguiremos teniendo un sistema universal, accesible y equitativo?.

Uno de los participantes en las manifestaciones de estos últimos días, a preguntas de un periodista, contestaba que sencillamente "no veía claro el futuro del país".  Con un poco de perspectiva histórica, si somos capaces, por un momento, de dejar de pensar en los acontecimientos de los últimos días, meses y años y en los de los pròximos días, meses y años, y si, con un esfuerzo aún mayor, fuèramos capaces de imaginar el escenario de los pròximos 15 años, llegaríamos a una sola certeza: la de que el ritmo del cambio es tan acelerado, que probablemente nunca antes nos hemos encontrado ante situaciones que en un lapso de días o meses cambian a pasos agigantados. Cambios tecnològicos, que a su vez tienen un impacto econòmico y en el nivel y calidad de vida de las poblaciones; cambios que se transmiten y se difunden de un país a otro; cambios demográficos y culturales, cambios que afectan a la estructura familiar; cambios provocados directamente por la perspectiva de gènero, que afectan a todo el tejido laboral, cultural, familiar, etc.  Los pacientes, los profesionales sanitarios, dejarán de ser lo que eran hace no muchos años. Al finalizar este ejercicio de prospecciòn llegaremos seguramente a la conclusiòn de que nada volverá a ser lo que fue,  lo que no quiere decir que sea mejor: las finanzas, los bancos, pero también las instituciones, la sanidad, la educaciòn, las familias, los jòvenes, las mujeres, los ancianos, la sociedad será sin duda distinta.

Por eso lo importante quizá sea hasta qué punto podemos planificar, o mejor aún contribuir a remodelar el futuro, al menos en nuestro entorno más cercano, en nuestro servicio sanitario, en nuestro centro de salud, en nuestra relaciòn con los pacientes,  más allá de las decisiones que se adopten en Bruselas o en el FMI.  El ejercicio de planificar, una de las funciones mas importantes de la gestión, no está de moda. En su lugar se hacen planes a corto plazo, o simplemente se plantean nuevas estrategias, que, en realidad suponen una vuelta al pasado (que en estos tiempos sí puede decirse que siempre fuè mejor). No es de extrañar que suframos una especie de "shock del cambio", cuya única respuesta posible es la vuelta al pasado, o el "salvese quien pueda", o a lo sumo repetir planes que nacen lastrados porque las condiciones han cambiado en el lapso de pocos días o meses.  Paradojicamente nunca ha sido tan importante planificar como ahora, pero no para prolongar el presente a los años venideros, sino para imaginar futuros probables, posibles y preferibles.  Probables, porque necesitamos conocer, partiendo de la situaciòn actual, pero también reconociendo las tendencias y los cambios socioculturales, lo que razonablemente puede pasar en el futuro. Posibles, porque también necesitamos imaginar, innovar, crear nuevos escenarios si no queremos vernos atrapados en el pasado, superados por los acontecimientos que escapan a la comprensión racional de la realidad. Preferibles, porque es preciso que en este ejercicio participen todos los actores, inclusive las minorías, la sociedad, en un proceso profundamente democrático.

Nuestro modelo de salud, como el de educación, como los servicios sociales, necesitan hacer ejercicios de planificación para 5 años, al menos, pero se encuentran ante la encrucijada de un cambio social acelerado, vertiginoso, que hace impredecibles las condiciónes que van a dominar el escenario, ni si quiera pasado mañana.  El problema estriba en que el enfoque que utilizamos, en el que los objetivos económicos dominan la escena, y en el que el discurso tècnico se crea en círculos restringidos y se despliega de arriba abajo, hace tiempo que dejó de ser válido, quedando exclusivamente como un ejercicio teórico, sin mayor impacto que el que pueda tener un articulo de opinión (en este caso la opinión de expertos o tecnócratas).  Hace tiempo que tales intentos se han demostrado inútiles para provocar el cambio, ni en el sector publico ni en las empresas privadas. Se necesitan las dosis adecuadas de ciencia (conocimiento), arte (imaginaciòn) y política (visiòn del interès general, participaciòn, democracia) para construir, y no sòlo sufrir, el futuro.

Me atrevería a decir que los tres ingredientes son necesarios tanto si se pretende elaborar un plan estratègico, un proyecto de reorganizaciòn de un servicio de salud, o un plan de mejora de un centro de salud.  En nuestro sistema de salud puede que haya excedente de ciencia (aunque quizá anclada en los mètodos clásicos, sin atreverse a dar el salto de una vez a las nuevas tecnologías), pero falta imaginaciòn y política. No es de extrañar que en estas condiciones volvamos una y otra vez a repetir errores, a vernos atrapados en la frialdad de los mismos datos, a repetir discursos y planes que dan vueltas, como en un tiovivo, a los mismos argumentos.
Claro que, ¿será posible mantenerse al margen del BCE, el FMI, los mercados, las primas de riesgo,..etc? ¿o quizá en algún lugar quede algún atisbo de ciencia, arte y política?