jueves, 27 de septiembre de 2012

Gestión Clínica: ida y vuelta

Abundan, en los últimos tiempos, los presagios de cambios, turbulencias y revoluciones, que además la realidad parece confirmar.  De hecho, en este blog ya nos referimos a ello, en una referencia, poco científica por cierto, a propósito de la constelación de Urano en Aires (Urano en Aries) Hablábamos de  "Una época de vacíos, de caos, necesarios para la adquisición de nuevas mentalidades, de nuevos comienzos, de procesos de cambio, también de miedos, de resistencias,..”   

Los astrólogos hablan también de cambios bruscos, traumáticos, que pueden también desvanecerse con la misma velocidad con la que nacen (la primavera árabe se quedó precisamente en eso, en una primavera).

Sin dar mayor pávulo a esos augurios, me quedaré simplemente con algunas reflexiones, al hilo precisamente de los cambios efímeros, fugaces, aquellos que son de traje o cosméticos. Consisten en una apariencia de cambio: en el fondo se trata de mantener el status quo, pero el cambio es coyuntural, forzado por las circunstancias.

En nuestro sector hay numerosos ejemplos al respecto: la implantación de la gestión clínica como modelo en el que se pretende implicar al profesional en la gestión, es uno de ellos. Su implantación ha sido objeto de un movimiento pendular de ida y vuelta, con experiencias de éxito que suceden a momentos de inercia y de bloqueo y sin que el conjunto del sistema se vea realmente afectado por el cambio.

Por lo general, son experiencias que destacan precisamente por su singularidad, sin que lleguen a afectar la "línea de flotación", las reglas de juego. Muchas veces se trata de viejos proyectos con caras nuevas, "nuevos trajes" con hábitos semejantes.

El modelo que predomina es el que trata de trasladar a los profesionales los valores y las técnicas "clásicas" de la gestión: el control, la jerarquía, la motivación extrínseca, los incentivos, la competencia,..etc.  Los "contratos de gestión clínica" son un compendio de estos principios. Son valores y técnicas que dejan por el camino a los que no "se apuntan", un colectivo de profesionales que no se identifican con la organización, que prefieren "dedicarse a lo suyo". No importa en qué medida se progresa, puesto que precisamente su éxito se cifra en esta diferencia y ésta es también la prueba de su fracaso.

La gestión clínica es un buen modelo, pero, por este camino, será difícil que acabe siendo "el modelo". Para empezar, habría que cambiar el chip y no conformarse con trasladar a la Unidad de Gestión Clínica las herramientas, los métodos y los comportamientos propios de la Gerencia. Se deduce que uno de los mayores obstáculos para que la gestión clínica se imponga como sistema de relaciones, como forma de comportamiento, son los propios gerentes. Se necesitan líderes clínicos antes que gestores.

Se trataría, más bien,  de propagar valores como el aprendizaje, la colaboración, la diversidad, la transparencia, el reconocimiento, la necesidad de compartir entre profesionales, niveles asistenciales y sectores, la estructura en red, ..etc. Los elementos "duros" de la gestión  se combinan con elementos "blandos" (la identificación con un proyecto, la motivación intrínseca, el sentido de pertenencia,.. etc)

El modelo, además, requiere romper algunas barreras:  las barreras territoriales, las de la jerarquía y el liderazgo unipersonal, las del contrato y la  de los incentivos económicos. Tiene que crecer en estructuras nuevas, integradas, y en procesos compartidos en el que los responsables del proceso son los verdaderos líderes. Se deben abrir nuevas alternativas organizativas: Integración en red entre Hospitales, unidades interniveles, agrupaciónes de servicios,..etc

Requiere también encontrar el equilibrio entre la autonomía y la responsabilidad, lo que nos hace pensar en enfrentar otra crisis: la del profesionalismo. Pero esto es harina de otro costal.

En épocas críticas, cuando más difícil puede resultar hacer grandes "mudanzas" es precisamente cuando más es necesario el cambio, pero no el cosmético, sino el duradero, el que afecta al comportamiento, a las "reglas de juego".