martes, 26 de febrero de 2013

Medicina en una nueva era

Si nos ponemos a pensar, posiblemente algunas ideas, prácticas y nuevas técnicas podrían formar parte de la Medicina en una nueva era. La misma relación con los pacientes está ya cambiando, no sólo porque, como se repite incesantemente, el papel del paciente pasa a ser más responsable y participativo, sino porque es el rol del profesional el que hace posible ese cambio al adoptar más el rol de asesor, agente o gestor. No podría haber, en este sentido, un paciente activo sin un profesional que tutorice, aconseje, informe, y que proporcione soporte emocional, cuando es necesario. Un papel que implica conducir al paciente por los vericuetos del sistema de salud, lo que no requiere, dicho sea de paso, moverse del sitio gracias a las nuevas tecnologías y a la Historía Clínica Electrónica. 

Desde hace años, al referirnos más especificamente a enfermos frágiles y a la necesidad de dirigir y coordinar los cuidados sanitarios y sociales, en el domicilio o en centros residenciales u hospitales, hablamos del gestor de casos, muy a menudo un enfermero o enfermera. El gestor de casos es ante todo un gestor de cuidadores, entre lo que se incluyen los profesionales y también los cuidadores familiares.

Como se ve, parecería clara la tendencia a evolucionar desde el profesional individual hacia el equipo de profesionales y en ello se incluyen el médico y la enfermera, otros especialistas (entre ellos, el internista, que pasaría a ser el médico de cabecera en el Hospital).  Profesionales que adquieren nuevas competencias, que están llamados a desempeñar nuevos roles o que parecen resurgir de una cierta indefinición, como parece estar ocurriendo con los trabajadores sociales (tanto en el Hospital como en el ámbito ambulatorio) o los psicólogos clínicos (llamados a desempeñar un papel clave en los equipos multidisciplinares y no sólo en los problemas de salud mental: lo son ya sin duda en algunos programas concretos, como los cuidados paliativos)

Pacientes, como ya se ha dicho, que están cambiando en su relación con el sistema sanitario. Son pacientes más informados, sin duda, con otras expectativas, también, que se asocian a menudo. Pero quizá, lo que mejor describirá el panorama cada vez más es la heterogeneidad: resulta difícil definir los rasgos distintivos de los pacientes, los cupos presentarán una cierta diversidad (la edad, el sexo, que eran variables que definían bien las características de los pacientes, no nos servirán por sí solas para predecir su comportamiento). Habrá pacientes acostumbrados a las nuevas tecnologías, con nuevas aplicaciones en su smartphone (que además lo utilizan para obtener la cita con su médico) y estos no son sólo los jóvenes (que por otra parte son también diferentes). Y junto a ellos, pacientes que no saben, ni quieren, asumir los autocuidados, que quieren seguir "poniéndose en manos" del médico. El panorama está caracterizado por la complejidad.

 Las nuevas tencologías serán, lo están siendo, algo que ya forma parte del paisaje: en unos años quizá no nos imaginemos lo que era la medicina y la consulta sin ellas.   Es más fácil en este caso imaginar cómo evolucionarán: el potencial está del lado del paciente y la familia, en el domicilio del paciente, en sistemas que permiten la comunicación con la enfermera casi a diario y que permiten enviar información por la red sobre el estado de salud del paciente, lo que representa una revolución sin moverse de casa. Las consultas "no presenciales" puede que sean con el tiempo más habituales que las presenciales.

Resulta paradójico, en este sentido, pensar en el escaso desarrollo (si lo comparamos con cualquier otro ámbito social) de las técnicas de comunicación entre profesionales: la telemedicina (telecardiología, telepsiquiatría,..) no parece consolidarse más que en contextos determinados. Parecería que otras variables entran en juego, pero sobre todo nos dice que en estos casos el futuro no va a depender tanto de la tecnología como de los profesionales que la utilizan.
 Y qué pasará con las medicinas alternativas?, ¿cómo será la Cartera de servicios? Las terapias de la nueva era serán terapias alternativas que convivirán con las tradicionales, cada una con sus indicaciones concretas. Se están rompiendo ya las barreras científicas que las mantenían en la marginalidad y, cada vez más, emergen en Jornadas, cursos formales o merecen incluso el reconocimiento de las Sociedades Científicas (algunas ya forman parte del programa docente). Costará,  pero la evolución parece imparable. La homeopatía, reflexoterapia, técnicas de relajación, acupuntura, y algunas otras no son a estas alturas tan inéditas como lo eran hace pocos años.

Pero la verdadera explosión en el desarrollo científico y tecnológico está por llegar: la genómica, la medicina regenerativa, la nanotecnología, la reingeniería genética, la robótica,.. representan una auténtica revolución, una vuelta del calcetín, a la que sin embargo no podremos incorporar en la práctica en muchos años y no sólo por culpa de la crisis.  Es aquí donde podría experimentarse con proyectos de colaboración público-privados y no en privatizar hospitales comarcales.