jueves, 2 de mayo de 2013

La "tormenta perfecta" y los modelos sanitarios

A menudo los debates acerca de la crisis, su impacto o las posibles alternativas de reformas suenan un tanto monolíticos, como si no estuviéramos ante una realidad compleja en la que se mezclan varios tipos de crisis, en una especie de "tormenta perfecta" y a su vez sugiere respuestas diversas, actuando sobre diferentes elementos del sistema en conjunto.

En este sentido, es fácil reconocer una crisis externa, de la que el sistema de salud es una de las víctimas, pero que en ningún caso ha contribuído a causarla. Y sin embargo, el ajuste del déficit público recae de forma importante en la sanidad, dada la porción de la "tarta" que se lleva el sistema de las arcas públicas. Se podría decir, en este sentido, que el sector es una víctima propiciatoria (literalmente, puesto que la expresión se reserva originariamente a aquella víctima que era sacrificada para obtener el beneficio/protección de los dioses, es decir, para que los dioses les fueran propicios)

Hay también una crisis interna, estructural, según la cual el propio sistema arrastra desde hace años una serie de ineficiencias que provocan  un crecimiento desmesurado de gasto, por encima del PIB. En este sentido, el sector ha sido también víctima de sus propios pecados. Si la crisis externa ha provocado una caída de ingresos, la interna provoca de año en año, y a menos de que seamos capaces de romper las inercias del sistema, una subida permanente de los gastos.

Pero no son sólo éstas las crisis: podríamos también hablar de una crisis de éxito, aquella que ha venido propiciada por un modelo en el que el Hospital, la especialización, la tecnología y los avances científicos nos han conducido a un situación en la que la esperzanza de vida, el control de determinadas enfermedades o de factores de riesgo han alcanzado niveles espectaculares en las últimas décadas. No es de extrañar que este modelo haya calado en los ciudadanos, que hoy reclaman un "hospital a la puerta de casa" , porque este ha sido el modelo predominante en las últimas décadas. Curiosamente, esta crisis conduce inexorablemente a la crisis estructural, institucional, pero no deberíamos olvidar que durante demasiados años la hemos venido propiciando, impulsando, cultivando, reconocimiento abiertamente sus logros pero permaneciendo ciegos a sus debilidades.

Pero la tormenta perfecta no sería tal si no nos encontráramos ante nuevos perfiles de demanda que ahora más que nunca reclaman una atención personalizada e integral, alguien al que puedan confiar sus problemas y al mismo tiempo capaz de movilizar a diferentes actores y recursos del sistema en beneficio del paciente. 

Seguirá habiendo colectivos, profesionales y ciudadanos, que seguirán clamando por el modelo "tecnocrático": unos por encontrar nichos profesionales que garanticen su desarrollo profesional y otros por reinvindicar lo que entienden que es un derecho, quizá porque durante tanto tiempo el propio sistema se fué configurando y estructurando en base a ese modelo. Ambos tratan de mantener un status quo, mientras que los pacientes crónicos, dependientes, o las nuevas necesidades sociosanitarias, reclaman abiertamente modelos diferentes. 

Los debates sobre la crisis deberían tratar de comprender la complejidad,  las nuevas necesidades de los pacientes y las familias, valorar los logros alcanzados, aclarar las prestaciones que el sistema público está dispuesto a ofertar, reconocer el papel de los "nuevos" proveedores de servicios, aceptar la diversidad de los modelos y las iniciativas locales,...etc. 

En un momento "mágico" parecen haberse encontrado frente a frente diferentes crisis y modelos, con toda su crudeza. "La tormenta perfecta".