lunes, 29 de julio de 2013

El Siglo de las Luces

En el llamado "siglo de las luces", que en realidad se extendió a lo largo de finales del XVII hasta incluso el XIX, se hizo evidente, entre filósofos y científicos, la idea de que se podría descubrir la verdad o aprender a utilizar la tecnología y la ciencia en beneficio de las personas, utilizando la razón, la investigación y el método científico. Los beneficios no llegaron en la medida esperada, pero los descubrimientos tecnológicos fueron y han seguido siendo impresionantes. Se trataba, en realidad, del siglo de las esperanzas, de las expectativas. Es cierto también que, como es sabido, este paradigma trataba de combatir el autoritarismo, el oscurantismo, las creencias irracionales o la sumisión.

Hoy sabemos que en realidad el conocimiento es relativo y sobre todo subjetivo y que hemos de adaptarnos a la incertidumbre más que a conocer "la verdad universal". Y sin embargo, tenemos la información al alcance de la mano, se comparte activamente en redes sociales y en google, formando parte ya de la vida diaria. Se diría que, ahora sí, estamos en el siglo de las luces. Excepto en algunas organizaciones, en las que lo que sigue predominando es el oscurantismo: no tanto por ausencia de datos, sino porque la información disponible, útil, práctica, comparativa, directamente utilizable por cada uno de los protagonistas y que proporcione conocimiento, es claramente deficiente. 

En nuestro SNS, salvo experiencias muy significativas, y a pesar de la inversion en tecnologias de la información no se ha evolucionado suficientemente en poner al alcance de los decisores clínicos y de los pacientes la información adecuada. En un momento en el cual ha crecido también la necesidad de información y la obligación del sistema en ser transparente y rendir cuentas.

Con frecuencia, en los sistemas de información, olvidamos dimensiones tan relevantes como  la efectividad y seguridad (indicadores de mortalidad, complicaciones, etc), la adecuación (¿a quién hacemos qué?), la continuidad de la atención, la relevancia para pacientes y poblaciones , la equidad (socioeconómica, de géneros, etc.), la aceptabilidad de la atención (autonomía del paciente, información a los mismos, experiencias y expectativas de éstos), y las dimensiones de recursos humanos (renovación, clima, generación de conocimiento) 

En el fondo, los sistemas sanitarios están integrados por pequeñas unidades clínicas situadas en la "primera línea" de la atención de salud: servicios, equipos de Atención Primaria, unidades clínicas y microsistemas y es en ellas  donde se produce el contacto del paciente con el sistema de atención, se realizan los procesos, se producen los resultados de salud y se configuran las expectativas de los pacientes. Los resultados del sistema sanitario serán tan favorables como lo sean los de estas unidades y por tanto la información debería estar a disposición de ellas, sin restricciones.

Sorprende que en una época de ordenadores, TICs, globalización e información por doquier no se haya llegado de forma masiva (aunque existan experiencias muy positivas) a poner a disposición de los profesionales la información necesaria, oportuna, utilizable y fácilmente digerible.  Sorprende sobre todo porque desde la casi generalización de la Historia Clínica Electrónica parecería el paso lógico. Pero lo que se pone de manifiesto es que, como tantas veces, el factor humano es más importante que el tecnológico.  

Se necesitan equipos, pero también conocimiento para transformar la ingente cantidad de datos en información. Y se necesita también una cultura de transparencia, a nivel político y profesional. Una cultura capaz de romper con un sistema que parece trabajar para sí mismo, que gestiona desde los despachos, o que recela del uso de la información. En las nuevas sociedades la información verídica, completa, relevante, oportuna y fiable es tan importante como lo es la universalidad, la equidad o la solidaridad.  Deberíamos recuperar el espíritu del "siglo de las luces".