miércoles, 11 de febrero de 2015

La innovación y las nuevas formas de pensar (I)


Hace ya un par de años, en el blog de Eduardo Punset, al comentar diferentes formas de pensar, se podía leer:

“La huida del precipicio en que estaba sumido el pensamiento científico ha sido tan esplendorosa que el consenso universal hoy día es el de la multidisciplinariedad. Se ha llegado a la conclusión de que no hay innovación, de que no se pueden dar pasos adelante, sin asumir pensamientos que pertenecen a disciplinas distintas. Marx los retrató perfectamente al acusar a los centrados solo en su especialidad «de saber cada vez más de menos, hasta que lo sabían todo de nada»”. - (http://www.eduardpunset.es/18571/general/la-unica-diferencia-entre-distintas-formas-de-pensar)

La innovación, esa especie de salsa que parece tan necesaria para dar un nuevo aire a los servicios (muy especialmente a los servicios sanitarios y sociales), requiere, ante todo amplitud de miras, lo que conlleva necesariamente un ejercicio de desaprender, de desprenderse de conocimientos , hábitos y rutinas, que son los que nos hacen disponer de un catálogo limitado de respuestas a los problemas con que nos encontramos. De esta forma, uno de los enemigos de la innovación, somos curiosamente nosotros mismos, nuestra forma de pensar: una forma que se ha ido construyendo a base de experiencias, personas, entornos y ambientes muy concretos. Repetimos hasta la saciedad las mismas rutinas y aunque, de cuando en cuando, se nos ocurran nuevas ideas, en el momento de utilizarlas, de ponerlas en marcha, cometemos los mismos errores y volvemos a comportamientos aprendidos: de esta forma las nuevas ideas quedan atrapadas en el inconsciente.
Sabemos, por ejemplo, que si queremos avanzar en los nuevos servicios que la sociedad reclama, tenemos que colaborar con otros profesionales, pacientes, organizaciones, asociaciones, etc, pero para ello deberíamos cambiar radicalmente la forma de trabajar y esto es harina de otro costal. 
Peter F. Druker ya apuntó hace años (La Sociedad Postcapitalista, Apóstrofe, 1995) que las organizaciones deben ser desestabilizadoras, es decir deben estar dispuestas a  abandonar de forma sistemática "lo establecido, lo acostumbrado, lo familiar, lo cómodo, sean productos, servicios y procesos, relaciones humanas y sociales, destrezas o las organizaciones mismas".  Mantener destrezas o conocimientos contra viento y marea no sólo puede resultar inútil, sino que puede impedir adquirir otras nuevas, seguramente más útiles y necesarias. 
De otra forma, las innovaciones pasarán frente a nuestros ojos y no seremos capaces  de aprovecharlas en nuestra práctica diaria. Este es el caso de las nuevas tecnologías, que ejercen una especie de fascinación sin que seamos capaces de aprender a encontrar nuevas formas de utilizarlas en beneficio de los pacientes: en este caso son las empresas tecnológicas las que crean la demanda. Se produce en este caso una paradójica adaptación de la práctica asistencial a la tecnología y no al revés (lo que ya apunté en otro post anterior sobre la Historia Clínica Electrónica podría venir a cuento ahora).
La innovación precisa por tanto, como bien apuntaba Punset, multidisciplinariedad, y también organización y método, además de una cierta mezcla entre la razón y la intuición. Es muy posible que la innovación venga de fuera, de otras disciplinas, técnicas o científicas, aunque, al final seamos nosotros quienes tengamos que interiorizarla, adoptarla y adaptarla. 
Pensar y poner en marcha nuevas formas de acceso de los usuarios a los servicios, nuevas formas de trabajar en equipo, de dialogar y trabajar con otros sectores, de cultivar y gestionar el conocimiento, de articular los procesos, de activar a los pacientes y familiares, y un largo etcétera, están reclamando innovaciones, tanto en los servicios, en los procesos o bien innovaciones organizativas. Para ello, ante todo, es preciso crear un caldo de cultivo favorable:abrir las ventanas, fomentar la participación, impulsar iniciativas y experiencias, organizar y promover el intercambio de experiencias y evaluar los proyectos de forma sistemática.





La huida del precipicio en que estaba sumido el pensamiento científico ha sido tan esplendorosa que el consenso universal hoy día es el de la multidisciplinariedad. Se ha llegado a la conclusión de que no hay innovación, de que no se pueden dar pasos adelante, sin asumir pensamientos que pertenecen a disciplinas distintas. Marx los retrató perfectamente al acusar a los centrados solo en su especialidad «de saber cada vez más de menos, hasta que lo sabían todo de nada». - See more at: http://www.eduardpunset.es/18571/general/la-unica-diferencia-entre-distintas-formas-de-pensar#sthash.ERCFFHII.dpuf
La huida del precipicio en que estaba sumido el pensamiento científico ha sido tan esplendorosa que el consenso universal hoy día es el de la multidisciplinariedad. Se ha llegado a la conclusión de que no hay innovación, de que no se pueden dar pasos adelante, sin asumir pensamientos que pertenecen a disciplinas distintas. Marx los retrató perfectamente al acusar a los centrados solo en su especialidad «de saber cada vez más de menos, hasta que lo sabían todo de nada». - See more at: http://www.eduardpunset.es/18571/general/la-unica-diferencia-entre-distintas-formas-de-pensar#sthash.ERCFFHII.dpuf