viernes, 9 de octubre de 2015

La innovación y las nuevas formas de pensar (II)

Uno de los problemas de fondo de los sistemas de salud es encontrar la forma de ser eficientes mejorando la calidad. En realidad, este es uno de los objetivos de cualquier organización. La cuestión es cómo avanzar hacia él desde una visión monolítica y estrecha de la realidad, una visión que asocia sistemáticamente y de forma inseparable la calidad con más recursos, y que incluso determina el nivel de excelencia en función de los recursos disponibles y de la tecnología y el equipamiento.

Las nuevas organizaciones están obligadas a innovar, como respuesta al dilema planteado, pero centrándose en el usuario, para aumentar su poder, su responsabilidad y su capacidad. En muchas organizaciones, la credibilidad y la sostenibilidad están relacionadas directamente con la innovación y con la transformación que se deriva de ella.

Es preocupante que no hayamos sido capaces de comprender del todo el significado de la innovación: la asociamos con la intuición, la ocurrencia o las ideas brillantes. Y a la hora de gestionarla,  la asociamos estrechamente a las nuevas tecnologías, como si el producto esencial de la innovación fueran las herraminentas y no el servicio a los ciudadanos. 

Podemos aprender mucho de como enfrentan el reto en otros sectores, tal como podíamos leer no hace mucho y de forma brillante en saludconcosas (http://saludconcosas.blogspot.com.es/2015/07/el-bulli-y-la-innovacion-sanitaria.html), aprovechando en este caso las ideas del mundo gastronómico. Todas las conclusiones del citado blog son aprovechables, pero añadiría algunas mas a las que posiblemente debamos prestar también alguna atencion:

- Una de ellas es la que podríamos llamar la innovación efímera:  aquella que sirve durante un tiempo y  por lo general se abandona o es sustituida por otra en poco tiempo. Por lo general, se trata de experiencias innovadoras que no logran consolidarse o que lo hacen localmente pero no son extrapolables. Algunas experiencias de monitorizacion de pacientes en su domicilio podrían encajar en esta tipología. Lo importante, creo, seria comprender que la innovación ya no va a ser universal, incuestionable, única, válida en todo tiempo y lugar: habrá que acostumbrarse a la variabilidad, en este caso lógica, en el tiempo y el espacio.

 - La otra idea que me preocupa es la forma en que estamos respondiendo en la propia organización a este reto:  la innovación no surge por sorpresa ni es tampoco el resultado de un proyecto acabado y cerrado que se diseña en el centro de la organización para desplegarse después por todos los rincones de la organización. Son más bien proyectos inacabados, que se mejoran a medida que se aplican y que, al cabo del tiempo, pueden ser sustituídos por otros. Es la cultura del prototipado, de la beta permanente, del software libre, un producto en constante transcición. Y, aún así, seguimos hablando del pilotaje o de las direcciones de innovación (como en su día se habló de las de calidad).

  Deberíamos entender la necesidad de cambiar y como hacerlo: seria triste acomodarse a la situación, pero también plantear proyectos que acaban siendo "fuegos artificiales"  sin el mínimo impacto en los ciudadanos. Entender también que no basta incluir la innovación en la estructura de la organización, sino que es toda la organización la que debe estar para innovar.  Y que son los grupos y colectivos, y no las "mentes privilegiadas", dentro y fuera de la organización, los que construyen la creatividad.  

Aprendamos de la cultura de Linux.


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