martes, 23 de julio de 2019

El fin de la sanidad tal como la conocemos

Uno de los últimos libros que he leído ha sido "El fin del mundo tal y como lo conocemos" de Marta García Aller. Se trata de un libro que da que pensar, puesto que no es sólo una crónica de los cambios drásticos que, al igual que sucedió en épocas anteriores, acontece en la nuestra. Se trata más bien de explicar la transformación digital en la que nos encontramos  y los cambios culturales, económicos y tecnológicos que comporta: de esta forma pasa revista al fin de algunos elementos nucleares que han formado parte de nuestra vida: el dinero, las cajas registradoras, la costumbre de conversar, la fotografía, etc.



En la misma línea en que lo hace la autora, podríamos también incluir la sanidad como uno de los sectores objeto de transformación. Pero la transformación de la sanidad no se producirá solo como consecuencia de la revolución digital, si bien éste es un ingrediente necesario: primero porque no es posible continuar con prácticas que han sido ya superadas en las relaciones sociales y familiares y en la sociedad en general y segundo porque el cambio digital es la antesala de un cambio aún más trascendente, mucho más ligado a la medicina personalizada y de precisión: se trata de que la persona deje de ser un caso, una patología, y sea considerada una persona singular, con sus deseos, dudas, y también sus determinantes genéticos, que hacen que sea único y que por tanto el diagnóstico, y sobre todo el pronóstico dependa del 1% del ADN que nos hace únicos y del que dependen la gravedad de una enfermedad y la efectividad de los tratamientos. 

La Unidad de Diagnóstico Avanzado en Enfermedades Raras de Salamanca reprenta un modelo pionero de Medicina Personalizada y de Precisión.


Pero además nuevas tecnologías harán posible detectar cambios críticos en la sangre en tiempo real y por tanto superar el inconveniente de la lentitud en la medición de la actividad genética. Igualmente, a través de tales avances, se espera que la información de los genomas, incluida la actividad genética, pueda estar a disposición de los médicos de familia, de forma que en Atención Primaria se practique también la atención personalizada, que por otra parte  está más si cave ligada a su "ADN". 


Dados los avances tecnológicos la información de nuestros genomas se utilizará cada vez más, y no sólo en patologías como el cáncer en la que el análisis del genoma determina la susceptibilidad a diferentes tratamientos por parte de un paciente concreto. Recientes investigaciones están reportando resultados en la relación entre la genética y la depresión y ansiedad que nos permiten comprender las causas y desarrollar nuevos tratamientos personalizados.

El acceso a grandes bases de datos nos está permitiendo analizar las pequeñas diferencias en las secuencias de ADN que permiten identificar a personas con alto riesgo de ataques cardíacos, lo cual a su vez nos facilita una prevención personalizada, adaptada en realidad al nivel de riesgo de cada persona.

Las consultas no presenciales, en forma de videoconsultas o consultas por correo electrónico o internet,  son otra de las revoluciones de la sanidad del futuro: ¿cuantas consultas diarias son en realidad seguimientos, análisis de resultados de laboratorio o renovaciones de recetas, que podrían resolverse en menos tiempo y a distancia? Esta modalidad rentabiliza el tiempo del médico, pero también del ciudadano.

La gente quiere ser atendida de forma rápida y sencilla, al igual que otros servicios que recibe fuera del servicio sanitario. Todo ello, claro está, como apunta acertadamente el libro que encabeza este post, tiene una parte que no es tan optimista: el mercado de las aplicaciones móviles sobre consultas "virtuales" está creciendo de forma acelerada, y está generando un negocio que aún no somos capaces adivinar. Es un negocio dirigido especialmente a un sector de la población: el de los jóvenes, que tienden a inclinarse por las consultas médicas virtuales, quiere citas en horarios más convenientes y demanda un mejor servicio que el que recibieron sus padres o sus abuelos. ¿Sabrá el sistema de salud aprovechar esta potencialidad de las nuevas tecnologías o se verá superado por los acontecimientos, en cuyo caso los pacientes buscarán alternativas, al menos como complemento al servicio tradicional proporcionado por su médico de familia o su enfermera?
Lo que es evidente es que los cambios derivados de la era digital no son solo  producto de la automatización o de la robotización (lo que representa ya por si sólo un gran avance) sino que, junto con los cambios vinculados a la medicina personalizada, nos llevan a concebir un nuevo modelo de atención y de cuidados, en el que lo que realmente cambia es la forma en que profesionales y pacientes se relacionan: una relación más adaptada a cada paciente, más informada y con mayor autonomía por parte del paciente, con canales de comunicación diferentes en cada caso, con mayor accesibilidad y comunicación.
En realidad, el cambio real no es el cambio digital, sino sobre todo el cambio cultural: de nada serviría, por ejemplo, disponer de una Historia Clínica Electrónica para mejorar la legilibilidad o para solventar los problemas de la Historia de papel, si no conseguimos que además sea un instrumento esencial de la gestión del conocimiento en  el ámbito clínico tal como en su momento se apunto en una entrada anterior del blog (Historia Clínica Electrónica: futuro imperfecto).

No obstante, el cambio digital en sanidad se debate entre seguir avanzando a saltos, como respondiendo a diferentes y constantes demandas, y entrar en una fases de reposo, superada la fase inicial que hace años generó grandes expectativas. Ya se sabe que los sistemas tecnológicos precisan inversiones y ante todo una estrategia de implantación y nuevos desarrollos, pero lo que parece olvidarse es la necesidad de liderazgo y de innovación constante. Se sabe también que lo que no mejora empeora y que, en este campo, se debe primar el desarrollo y la innovación mantenida. Curiosamente se cuenta con los recursos y los profesionales necesarios, en general (si bien hay perfiles profesionales concretos que escasean),  pero falta la decisión de adoptar otro enfoque en la planificación y gestión, un enfoque más ligado a la verdadera transformación de la sanidad del futuro: el conocimiento y la comunicación.




  










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